La disección de la nostalgia

Resistencia y tenacidad. Melancolía y lírica. Guido van der Werve sabe como agarrar el corazón, acariciarlo con una dulzura que raya en la agonía o en la gracia del absurdo. Van der Werve (Holanda, 1977) es alguien que vive de retos tan titánicos como innecesarios. No cualquiera decide pasar 24 horas parado en el Polo Norte, en uno de los ejes de la Tierra, girando lentamente en el sentido del reloj, mientras el planeta se movía en sentido contrario, resistiéndose a moverse con el planeta, con el resto de mortales. La obra, titulada Nummer negen (The day I didn’t turn with the world), 2007, resume las 24 horas que el artista estuvo parado en ese paisaje gélido en apenas nueve minutos de video. Van der Werve se resiste a girar, así como Bartleby, el escribano de Melville, prefiere no hacer nada de lo que le piden. En esas negaciones hay un gesto de libertad salvaje. Los tránsitos de van der Werve son inusuales y sus producciones son extremadamente elaboradas. En el Golfo de Bothnia, se dedicó a caminar 15  metros delante de un barco rompehielos. En Nummer acht. Everything is going to be alright, 2007, durante 10 minutos se ve la misma imagen potente y poética. Hay suspenso, aunque la acción es limitada y a pesar de guardar un movimiento tan violento como el hielo rompiéndose tras sus pasos, es perfectamente equilibrado.    

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Nummer negen (The day I didn’t turn with the world), 2007

Guido van der Werve tiene formación de pianista. Compone la música para sus videos, que son siempre una filigrana perfecta entre la delicadeza de su música, la poesía de sus breves historias, el empeño por resistir, la entrega sin sorpresas hacia el absurdo. Por momentos la fórmula parece fácil, pero cada cuadro es perfecto. La música recuerda a Corelli, Prokofiev, Rachmaninoff, a quienes interpreta en algunos videos, cuando él no compone. Armonía y belleza. Hay un detalle más, van der Werve es músico, artista visual y tiene una afición voraz por correr. En sus obras hay siempre un elemento que pone a prueba la resistencia del cuerpo.
Hace tres años creó la Annual Running to Rachmaninoff (Effugio no. 2 Running to Rachmaninoff), un performance que consta de una carrera de 30 millas desde Nueva York hasta el cementerio de Kensico, en  Valhalla, donde Sergei Rachmaninoff, que vivió en el exilio desde el inicio de la Revolución Rusa (1917), fue enterrado. Los corredores llevan en sus manos ramitos de manzanilla, la flor nacional de Rusia, y al llegar a la tumba escuchan una obra del pianista.
Cuando las maratones no fueron suficientes para van der Werve, éste inició su entrenamiento para triatlones y al mismo tiempo, empezó a componer Nummer veertien, Home, 2012. Este réquiem es tal vez la suma máxima de su trabajo. El video dura 54 minutos y mantiene la estructura clásica de los réquiem: tres movimientos y doce actos. Entrelaza tres historias: la biografía de van der Werve, la historia de Alejandro Magno y la de Frédéric Chopin. Pareciera que no tienen nada en común, pero hay algo que los une. El conquistador y el músico murieron lejos de su tierra natal y un van der Werve que desde los 19 años ha hecho de todo para huir de ahí (ahora vive en Nueva York). Lo dice en el undécimo acto del réquiem:

Act XI Libera Me
Papendrecht, 4’42”
Lacrimoso Teneramente, in c minor
I don’t want this moment to start
I don’t want this moment to end
I spent the first 19 years of my life trying to get out of here
I’ll spend the rest of my life trying to get this town out of me
what is wrong with me

Chopin anhelaba volver a la casa donde nació, morir ahí. Pero murió en París y su hermana, pianista también, llevó el corazón su compositor desde Francia hasta Polonia, donde tiene una urna en la iglesia de la Santa Cruz. Allí empieza la obra, con van der Werve al piano, una orquesta y un coro interpretando su réquiem. En 54 minutos, la obra suma un triatlón de 1 000 millas, entre Varsovia y París. El artista nada, pedalea y corre con una misión: llevar un poco de tierra de la villa natal de Chopin, Zelazowa Wola, hasta el cementerio de Père Lachaise. Las escenas pasan por paisajes bucólicos y ciudades, donde en cada tramo aparecen la orquesta y el coro aparecen en cada tramo: repartidos en el departamento del artista (donde estallan todas las ventanas), instalados en un jardín, en las esquinas en que el artista se detiene…

El tour de force de van der Werve intercala el canto del réquiem con breves narraciones sobre la vida de Alejandro Magno, a quién el Oráculo de Delfos le aseguró que era hijo del mismísimo Zeus. El video recorre los parajes por los cuales pasó con su ejército, esas tierras en las cuales, presionado por sus tropas agotadas, tuvo que emprender el regreso a casa. Un retorno imposible, pues murió en el camino. La soledad del héroe retumba sobre la soledad del atleta-artista, que nada, pedalea, corre, no se detiene. El ensamblaje de las tres historias es perfecto (y la producción, evidentemente descomunal). Nummer veertien, Home es el relato de una tragedia siempre contemporánea: la imposibilidad de volver a casa. La nostalgia por el territorio perdido. El sentido de pertenencia latente, pese a todos los esfuerzos por negarlo. Éste es un réquiem por la fragilidad de la vida, por la necesidad de explotar los límites del cuerpo, por la belleza de las acciones innecesarias, por el goce exquisito de la nostalgia.

* Los videos completos de Guido van der Werve se pueden ver en este link: http://www.roofvogel.org/thuis/works/nummers/nummers.html